Conforme me hago más mayor, me cuesta más resistirme al encanto de una melodía bonita, aunque el patrón sonoro o estilo haya redundado con frecuencia en mi cabeza. Dos de los mejores ejemplos de este “fenómeno” durante este año han sido estas dos canciones de dos grupos que hacen pop que mira al folk: de la costa oeste americana los Papercuts (que ya llamaron a mi puerta con la estupenda Dear employee) y al más tradicional en Estados Unidos los Great Lake Swimmers. Sus discos en el 2009 se escuchan muy bien, pero cuando llegan estos dos momentos de pop pluscuamperfecto, uno llega a pensar que la vida puede ser maravillosa (va por ti, Andrés).
Great Lake Swimmers, sencillos y efectivos como los mejores teenage fanclub.
Papercuts, misteriosos y melancólicamente envolventes.
Mis escasas aportaciones a este blog derivan de una eterna batalla entre mi afán por recomendar y mi pereza por escribir, en la que la segunda suele ganar con facilidad. Sin embargo, en momentos como éste, en los que reeditan discos descatalogados que creo merecen la pena, el espíritu del comprador compulsivo, que valora más la posesión que el disfrute, sale a relucir.
The feelies fueron una banda americana que publicó 4 discos notables en la década de los 80. Recuerdo haberlos descubierto en una cinta que me pasaron en los 90 (de cuya otra cara no puedo acordarme) en la que figuraba el excelso e infravalorado “Only life”. En la primera escucha pensé que eran el eslabón perdido entre The Velvet underground y Luna. En las posteriores, que era un gran disco de pop oscuro y gran habilidad instrumental. Ahora sus tres primeros trabajos (tanto cronológicamente hablando, como en calidad) pueden encontrase de nuevo en las tiendas. El otro día vi como en Radio City en Madrid, se los llevaban a pares. Creo que regalar música es una costumbre que no debemos perder.
Debutaron con Crazy Rhythms (1980), disco de filosofía punk, ritmos acelerados y guitarras oscuras, que supondría uno de los gérmenes para el indie americano que estaba por venir. Es el favorito de la crítica y, posiblemente, lo más cerca que han estado de hacer una obra maestra.
En su continuación, The Good Earth (1984), trataron de hacer algo totalmente opuesto, mucho menos eléctrico y de mayor inspiración folk, donde la melodía era más importante. La canción que lo abre, on the roof, es mi favorita del grupo y resume perfectamente lo que me emociona de los de New Yersey: una batería rápida, una melodía algo perezosa pero llena de encanto y una guitarra maravillosa, como uno de los riffs más bonitos que he escuchado nunca. Glenn Mercer parece una versión pop de J.Mascis (pero cuando éste no no podía comprar cerveza en una tienda…)
En 1988 llegaría Only life, mi primera vez con ellos y el que me robó el corazón. Continúan la línea del anterior, pero aquí las melodías son aún mejores. La titular, la bonita higher ground (de la que dejo también una versión en directo mucho más acelerada), la exibición instrumental de For awhile o la supersónica versión de la Velvet (What goes on) son tres ejemplos del talento de esta banda de culto que nos dejó grandes momentos de música popular. Esperemos que, entre las reediciones y el empujón de las pertinentes recomendaciones, lleguen a toda la gente que se merecen.
Nunca he sido uno de esos acólitos de Animal Collective que besan el suelo por donde los americanos pisan. Sin embargo, tampoco me encuentro entre los acérrimos detractores que huyen de su formas trasgresoras, cual gato escaldado con el agua fría. Simplemente, cuando me adentro en esos laberintos sonoros que proponen en cada canción, no siempre encuentro la salida de la emoción, aunque he de reconocer que de vez cuando atisbo paisajes de una belleza estimulante.
My Girls, de su último trabajo, es el claro paradigma del segundo grupo. No sólo es mi canción favorita de su discografía, sino que se encontrará muy arriba en mi recuento del año. No sé si son esas melodías dignas de unos Beach Boys buscando la inspiración en un baño de sustancias psicotrópicas o como las encajan entre una perfecta lluvia de samples, pero esas espirales sonoras que provocan, consiguen elevar tu imaginación allí donde tú la quieras llevar.
No quiero hablar de In Ghost colour de Cut copy, ya que no podemos comparar ese vendaval de himnos con la propuesta menos colorista de los americanos Cold cave. Sin embargo, no se puede negar que también parten del techno pop de los ochenta, que podría estar representado por new order u OMD. Sin embargo, al contrario que los australianos, barnizan las bases bailables de las canciones de melodías oscuras y sonido sucio. Chico triste conoce chica gamberra. Love comes close” es su debut, tras varios EPs. Puede que este disco no tenga la creatividad barroca o el eclecticismo de otros, pero es corto, directo y está lleno de ritmos infecciosos. Una de mis sorpresas en los que llevamos de año. Me lo llevo puesto
Starflyer 59 es uno de los tesoros ocultos del underground americano; uno de esos grupos que, a pesar del ninguneo casi generalizado de la prensa especializada y público aficionado, llevan varios años publicando canciones dignas de sus admirados The Auteurs, Smiths , New order o House of love.
Jason Martin, cantante y compositor, empezó su carrera musical en los 90 con su hermano Ronnie en un grupo llamado Dance House Children, tras el que cada uno derivaría hacia proyectos separados: los arriba mencionados el primero y Joy electric el segundo. No sabemos si tenían una deuda pendiente con su pasado, si el exceso de champagne en alguna reunión navideña resucitó el espíritu familiar o si necesitaban algún interludio en sus carreras, pero en el 2007 decidieron volver a hacer algo juntos bajo el nombre The Brothers Martin, que tocará el corazón de algún aficionado al mundo de la canasta.
Jason es un acólito del indie británico de los 80 y primeros 90 y mientras que Ronnie siente especial predilección por el tecno pop. En consecuencia, esta fusión sólo podía resultar en un puñado de canciones pop que combinan las melodías agridulces con ritmos bailables. Nada que no se haya oído ya, pero si durante su audición te evocan las mismas sensaciones que te dejaban new order o que buscabas en los discos de house of love, entonces significa que el retorno de este hermanamiento ha merecido la pena.
Si miramos con frecuencia a Suecia para paladear sus deliciosas réplicas del indie británico, lo que no podemos hacer es negar es la extensa a la par que excelsa producción proveniente de Canadá. Aunque las influencias de su país vecino son más que evidentes, siempre me ha parecido que las bandas de dicho país americano gozan de una mayor personalidad que las escandinavas.
Discusiones fútiles aparte, me congratula anunciar la llegada de la secuela de “Hind hind legs”, esperanzador debut de The Lovely feathers en el 2006, surgido de algún lugar entre la vorágine causada por arcade fire, broken social scene o Wolf parade. Locura controlada, melancolía y cambios de ritmo de agilidad instrumental. Muchas escuchas de pixies, violent femmes, pavement, los built to spill que recordaban a éstos o los primeros blur y unas cuantas canciones para clavar en la memoria como “I really like you”, “photocorners” o “frantic”.
Sinceramente, estaba un poco harto de todos esos grupos nuevos que vuelcan todos sus encantos en sus óperas primas, mientras que sus continuaciones palidecen poco a poco. Los canadienses vuelven con “Fantasy of the lot”, en el que quizás pierdan algo el espíritu más aguerrido del anterior, pero conservan ese sonido colorista e inspiración melódica que les asegura un hueco en tu corazón.
El deseo, cuando es frustrado, suele intensificarse en intensidad y necesidad. Musicalmente hablando, mi fruto prohibido de estos días se llama R is for...Razorcuts, recopilatorio del grupo inglés de la segunda mitad de los 80 así llamado, al que descubrí recientemente en la red. Actualmente se puede conseguir en Amazon por 60 dólares, lo cual me tiene especialmente frustrado. Quizás algún diletante aventurero acabe reeditándolo en unos meses. Si no, el único modo de disfrutar de esta pequeña joya pop es a través de ese enemigo común de las grandes corporaciones en el negocio musical llamado internet. Pues sí, parece que está acabando con la música…
Surgidos entre aquella hornada británica llamada C86 (por salir en una cinta recopilatoria de ese año con dicho nombre), comparten inspiración y sonido con coetáneos como los primal scream de velocity girl, field mice, the orchids, the pastels, vaselines o los mejores stone roses. Melodías agridulces y ensoñadoras con guitarras cristalinas. El embrión del indie seguía su desarrollo. Grupo recomendado para todos los que pensamos que el mejor pop británico se facturó en esa década.